
La realidad es un problema intrínsecamente, o mas bien, específicamente humano, puesto que éste es el único ser (bajo la creencia tentativa de que sólo el ser humano es capaz de tener conciencia de sí y de lo que lo rodea, a diferencia de todas las demás realidades animales, vegetales e inanimadas) que es capaz de darse cuenta de que vive en un mundo y que en este mundo vive junto con múltiples entes, múltiples noyoes. Y este darse cuenta da el paso a que el hombre busque investigar lo que no conoce inmediatamente, con una curiosidad que creo inmanente al ser mismo del hombre, en la línea de lo que dice el estagirita en el libro alpha de su metafísica, que todo hombre tiene por naturaleza el deseo de saber.
El propósito de este ensayo es abordar el tema de la realidad, tratando de descubrir, de manera provisoria (puesto que creo que no tendré la verdad del asunto en este ensayo) qué es o qué se entiende por realidad, abordándolo quizá no generalmente a fin de establecer una conclusión universal, sino particularmente, refiriéndome a la realidad de las cosas, de lo que se nos impone, buscando su quid, su esencia, y por otra parte intentaré abordar el tema de la realidad humana, primero en general y luego descendiendo a cosas mas particulares y más provistas de realidad, pues si bien el hombre entra también en esta realidad de las cosas, tiene, en efecto, una evidente particularidad, la cual no puedo dejar de considerar.
Desde tiempos muy antiguos se ha intentado responde a preguntas tales como ¿qué es esto que veo?, donde existe el reconocimiento ya como individuo distinto de lo que veo, también preguntas referentes al origen próximo del mundo, ¿de dónde apareció todo esto que está frente a mí en el tiempo?, ¿tuvo un origen o simplemente existió eternamente?. Y desde luego, a estas interrogantes se les han dado tantas posibles respuestas como individuos existen, como por ejemplo, Aristóteles y los griegos en general, creían en la eternidad del mundo, lo que no era compatible con el posterior pensamiento cristiano y su idea del Dios creador, pero aunque existiera la idea de creación (no en el sentido cristiano) en los griegos, como en Platón y su dios demiurgo, la idea principal era la de que la materia había estado eternamente existiendo, y en el caso de Platón, el demiurgo era quien, por así decirlo, creaba realidades con forma, esto conforme a las formas eternas del mundo de las ideas. Un ejemplo de intento de explicación de este kósmos en el que vivimos es el de Aristóteles, el gran genio de la Grecia clásica, quien creía, que la tierra estaba estacionaria y que el sol, la luna, los planetas y las estrellas se movían en órbitas circulares alrededor de ella, el motivo por el cual Aristóteles concebía el universo así no es algo cierto, pero pareciera ser que era por razones de índole mística, como afirma Hawkig[1], ya que se pensaba que la tierra era el centro del universo y que además el movimiento circular, creo ya desde los pitagóricos, era el más perfecto, pues era un movimiento eterno, que no tenía principio ni fin. Se creía además, por razones válidas, que la tierra era esférica y no una plataforma plana, como algún presocrático creyó. Aristóteles lo sostenía por dos razones. En primer lugar, se dio cuenta d que los eclipses eran debidos a que la Tierra se situaba entre el Sol y la Luna. La sombra de la tierra sobre la luna era siempre redonda, lo cual sería imposible si la tierra fuese una plataforma plana, a menos que el eclipse ocurriera justo cuando debajo de esta plataforma se situara el Sol. En segundo lugar, se sabía entre los griegos que la estrella polar aparecía más baja en el cielo cuando se observaba en el sur que cuando era observada desde el norte, pues al encontrarse esta estrella en el polo norte, se veía desde este, casi encima de quien la mirara, en cambio si era observada desde el sur, parecía que estuviera cercana al horizonte.
Como se puede apreciar, esta concepción y estas razones podrían ser igual de vigentes hoy en día, era sólo cosa de observar atentamente e inteligentemente. Incluso Aristóteles, el gran científico de la antigüedad, llegó a calcular aproximadamente el perímetro de la tierra, claro que sobrepasó el cálculo actual casi en dos veces, pero lo intentó, y esto es lo que quiero y he estado tratando de recalcar, que desde antiguo se han buscado explicaciones e interpretaciones del mundo que nos rodea. Desde luego que en la posteridad vinieron nuevos descubrimientos, más científicos, puesto que habían más medios, como el de que las órbitas de los planetas eran elípticas y no circulares; que no había una parte que era identificada por Aristóteles como la esfera de las estrellas fijas; que la tierra ya no era el centro del universo, sino el sol el centro de nuestra galaxia y que esta giraba en torno a otro centro (si se puede hablar de centro en un universo infinito); que la posición en la que vemos las estrellas es solo aparente, debido a la naturaleza corpuscular-energética de la luz y a la gravedad; que las estrella pueden haber desaparecido y no nos enteramos al instante del suceso; que ahora, más ciertamente, se puede afirmar que la tierra es esférica; que existe una cierta fuerza que atrae a los cuerpos según su masa y que dicha fuerza el la causa de las órbitas elípticas y de que veamos la posición aparente de una estrella y de que nada colisione entre sí y no se aleje demasiado; y muchos descubrimientos mas, todos los cuales ayudan de cierta manera a conocer mejor el sitio en el que estamos situados y a los sujetos que viven en el.
Incluso los efectos de estas concepciones tienen una fuerte influencia en el pensamiento acerca de todo que tienen las personas, como el de que las órbitas son elípticas, lo que rompe con la perfección del movimiento circular, y cómo no mencionar la teoría de la relatividad de Einstein, que rompe en cierta forma con lo absoluto de la realidad divina, incluso Einstein aspiraba a una teoría del todo, ¡quería, con una fórmula, predecir todo lo que acontece en el universo!, o en otras palabras, podría incluso decirse que quería acercarse a la perfección de Dios, intentando predecir todo. Todo esto por causa de la curiosidad del ser humano y un intento que surge imperiosamente desde las entrañas de su ser, de buscar un sentido a su existencia, y en general a la existencia de todo.
Ahora me sumergiré en la realidad y trataré de encontrar su quid, su esencia. Es claro que nos tenemos que haber con las cosas, incluso con las demás personas, ya que somos animales políticos, sociales. Tenemos entonces dos cosas que tratar de esclareces; una, las cosas; otra, las demás personas y por tanto nosotros mismos y la humanidad completa.
Las cosas ciertamente tienen su realidad, si no la tuviera no serían cosas para nosotros, no podríamos hablar de ellas, pero qué son, ¿son acaso proyecciones de nuestro yo?, esto sería imposible sólo por el hecho de que si esto fuera así, nada existiría. El que leyera esto sería una proyección de mi yo y por lo tanto irreal, y yo, quien escribe, sería una proyección del yo de quien me lee, y así con todo, ¿cómo podríamos hablar de realidad si todos somos proyecciones del yo de los mismos todos? Es un imposible. Las cosas tienen una realidad propia, en sí, incluso las que son obras de la creación humana, al estar creadas, tienen su realidad, son realidades de suyo, en propio, pero esto no es lo importante, sino desentrañar ¿cuál es la naturaleza de estas realidades?, que por lo demás, son una trivialidad. No considero preciso, al igual que Zubiri, la concepción Aristotélica de substancia, de que las cosas son una cierta realidad en sí a la que le advienen ciertas propiedades, no. Las cosas reales ciertamente tienen características a las cuales llamaré, utilizando palabras de Zubiri, notas, y estas notas no son propiedades, sino realidades que dan realidad a las cosas, el conjunto de estas es lo que se conoce como cosa, por ejemplo, yo soy un conjunto de notas, que me hacen ser lo que soy, una jarra es un conjunto de notas que la hacen ser lo que es, una roca es un conjunto de notas que la hacen ser lo que es, y este ‘lo que es’ se entiende mejor con la noción de sistema. Las cosas son sistemas de notas, y sin una de ellas se deja de ser lo que se era. Estas notas nos constituyen, y no son notas de mí, o de la jarra o de una roca, tomando a ‘mi’, ‘jarra’ y ‘roca’ como la sustancia primera de Aristóteles, sino que son notas ‘de’ las demás. Esto es lo característico de la sustantividad, ser un sistema, tener una realidad sistémica, en donde cada nota se refiere no a un sujeto sub-stancial, sino a las demás notas en una articulación coherente entre sí, y su unidad está dada por este ser ‘nota de’ las demás. Considerar esto como verdadero es considerar también ciertas propiedades que vienen necesariamente tras esta concepción.
Estas propiedades son también, al igual que la realidad de las cosas, una trivialidad. Una de estas propiedades fundamentales es que al ser un sistema, una realidad sistémica, las cosas (y en esto se incluye la humanidad completa, pues ‘las cosas’ está tomada en la mayor universalidad posible) tienen dos dimensiones de ser, una en la que son en sí mismas, y otra, en que son abiertas al mundo, abiertas a las otras cosas. Esto es lo que Zubiri llana aperturidad. Esto es fácil de comprobar, una jarra, como ya vimos, tiene una realidad sistémica en sí misma, que la hace ser lo que es, pero esta misma jarra es ‘algo’ para nosotros, en la medida en que le tenemos un nombre y una función en nuestra vida, y también en la medida en que la podemos conocer; por otra parte, nosotros, o yo, tenemos una realidad independiente de las demás, en sí, pero esa realidad se abre a todas las demás cosas, si no, no podrían existir relaciones entre pares, yo no podría escribir esto, no se podría pensar acerca de lo que no es uno mismo, y simplemente, no podría ser yo si esto no fuera así, al igual que la jarra no podría ser jarra si no estuviera abierta al mundo. Y esta apertura se identifica en Zubiri con el ‘in’ y el ‘ex’, en lo que sigue, “la unidad del sistema es su de. Es lo primario de una cosa real, lo que constituye su ‘interioridad’ por así decirlo, su ‘in’. Pero entonces las distintas notas son la proyección ad extra (hacia fuera), su ‘ex’. Esta proyección es justo lo que llamo dimensión: es la proyección de todo el ‘in’ en el ‘ex’.” Lo que nos llevaría a decir que las cosas son más de lo que son en virtud de sus notas, están, las cosas, abiertas a todo lo demás. Esta es la aperturidad antes mencionada.
Todo esto nos acerca a lo que la cosa es. La cosa es un conjunto de notas que le dan realidad en sí y que le dan apertura al mundo, tenemos entonces que la cosa tiene una naturaleza doble, no una doble naturaleza, pues esto sería admitir una suerte de realidad escindida, y no intrínsecamente una, como entraña la expresión ‘naturaleza doble’. Somos in y ex.
Todo lo anterior me lleva a la conclusión de que nada es comprensible en sí, pues todo tiene una manera de ser en sí y otra respectiva a las demás cosas, abierta a las demás realidades. Lo que indicaría que la realidad está en su totalidad unida, no se puede comprender una cosa sin mirar a otra, no se puede saber nada del agua de un río si no se mira qué sucede realmente ahí, qué entidades existen en el río, qué entidades existen para el río y cuáles son las entidad para las cuales el río existe, pues como dice Heidegger, en su conferencia llamada ‘das Ding’, en el río se funden, se dan las nupcias entre las cosas del cielo y las de la tierra. Todo está relacionado, y hasta tal punto que me atrevería a decir que la sustantividad, o el sistema por excelencia o puro, es todo, pero no todo como concepto, sino como realidad física.
Ahora bien, por otra parte, el ser humano es una realidad como todas, en el sentido de un conjunto de notas, sustantividad, sistema. Pero es cierto también que es una realidad especial, distinta de las demás, puesto que puede tener conciencia de sí, del mundo y de sí como formando parte del mundo. Si bien el hombre, como ser viviente se halla entre las cosas, externas unas, internas otras, que le mantienen en una actividad no sólo constante sino primaria, tiene caracteres especiales, tiene una vida propia, y esto es lo que creo un dato fundamental a la hora de decir algo acerca de esta realidad tan compleja como la humana.
Lo que comparte el hombre con el animal, la sensibilidad, no me interesa ahora, lo que si lo hace, es la vida del hombre, ¿Qué es esto de la vida?, está claro que no es sólo la vida biológica-química, orgánica, sino su vida, por decirlo así, espiritual, anímica, interior, etcétera, no creo necesitar mas calificativos para designar esta vida patente a todos. Esta vida es un hallarse concientemente en el mundo con otras realidades, es tener que actuar con el mundo, es decisión, es estar e un espacio-tiempo que constituye la urdimbre en que se halla trabada toda realidad, etcétera. El vivir constituye, por decirlo así, la esencia del ser hombre, y esta vida es primordialmente una vida siempre con vistas al futuro, somos lo que vamos a ser, este dato es sumamente esencial para la comprensión de la vida humana, somos y nos movemos por causa de lo que queremos ser, por causa de algo que todavía no es, ¡por causa de la nada! (estrictamente hablando, dado que lo que todavía no es, no es), somos y nos movemos por causa de la esperanza y de la creencia, no podríamos hacer nada sin esperanza, o en otras palabras, sin tener en mente algo que queremos alcanzar y no podríamos ni siquiera intentarlo si no creyéramos que es posible, sin esperanza, creencia, proyectos, el hombre quedaría estático, contemplando todo sin sentido alguno, puesto que no querría nada (pues querer es querer algo que no se tiene y por lo tanto querer lo que todavía no es), quedaríamos impávidos, sin saber que hacer, sin esperanza, creencia y proyección.
Esta proyección es una nota fundamental del ser humano. El ser humano es un ser proyectivo, y esta naturaleza proyectiva, lleva implícita la idea de lo posterior, proyectarse hacia el futuro, si esto no fuera así, no tendríamos la noción de sentido de la vida y sentido de la existencia de las cosas. Esta proyección no es la apertura hacia fuera, la cual también es propia del ser humano como ya vimos, sino que es, por así decirlo, un mirar al futuro, un mirar al futuro como posible presente, siempre con la esperanza de que así sea. Por otro lado es característico también el que el hombre sea capaz de interpretar, y me atrevo a decir que es el único capaz de percibir significado en las cosas, el único en ver las cosas como símbolos, el único animal simbólico.
Otro dato fundamental que también estaría en el sentido de diferenciar al hombre de otras realidades es el hecho de la libertad, el hecho de ser capaz de apoderarse de una de las múltiples posibilidades que se le presentan en la vida en el mundo, y tras apoderársela, hacerla un constitutivo suyo, cosa que no pueden hacer las demás realidades, decidir. Esto llevaría a decir que el hombre se constituye como tal en la vida, decidiendo lo que va a ser, pues es en vistas a lo que quiere ser, como el hombre se hace lo que es, o para alejarme un poco de lo conceptual, diré que un hombre tal como Juan, por ejemplo, es lo que es, gracias a que se apoderó de posibilidades, siempre con vistas a un fin, el que es eso futuro que se quiere con esperanza y que se cree posible alcanzar.
Todo lo anterior es lo característico de la realidad humana, claro que no hay que dejar de lado, que como las demás realidades, el ser humano es un sistema relacionado con todos lo demás, ni se le puede considerar como mera realidad en sí misma y separada del mundo por tener características específicas radicalmente diferentes de las demás realidades, no hay que creerse por esto, una realidad superior, sólo somos una realidad más que tiene características esenciales especiales y distintas, como todas las demás realidades tienen las suyas propias.
El propósito de este ensayo es abordar el tema de la realidad, tratando de descubrir, de manera provisoria (puesto que creo que no tendré la verdad del asunto en este ensayo) qué es o qué se entiende por realidad, abordándolo quizá no generalmente a fin de establecer una conclusión universal, sino particularmente, refiriéndome a la realidad de las cosas, de lo que se nos impone, buscando su quid, su esencia, y por otra parte intentaré abordar el tema de la realidad humana, primero en general y luego descendiendo a cosas mas particulares y más provistas de realidad, pues si bien el hombre entra también en esta realidad de las cosas, tiene, en efecto, una evidente particularidad, la cual no puedo dejar de considerar.
Desde tiempos muy antiguos se ha intentado responde a preguntas tales como ¿qué es esto que veo?, donde existe el reconocimiento ya como individuo distinto de lo que veo, también preguntas referentes al origen próximo del mundo, ¿de dónde apareció todo esto que está frente a mí en el tiempo?, ¿tuvo un origen o simplemente existió eternamente?. Y desde luego, a estas interrogantes se les han dado tantas posibles respuestas como individuos existen, como por ejemplo, Aristóteles y los griegos en general, creían en la eternidad del mundo, lo que no era compatible con el posterior pensamiento cristiano y su idea del Dios creador, pero aunque existiera la idea de creación (no en el sentido cristiano) en los griegos, como en Platón y su dios demiurgo, la idea principal era la de que la materia había estado eternamente existiendo, y en el caso de Platón, el demiurgo era quien, por así decirlo, creaba realidades con forma, esto conforme a las formas eternas del mundo de las ideas. Un ejemplo de intento de explicación de este kósmos en el que vivimos es el de Aristóteles, el gran genio de la Grecia clásica, quien creía, que la tierra estaba estacionaria y que el sol, la luna, los planetas y las estrellas se movían en órbitas circulares alrededor de ella, el motivo por el cual Aristóteles concebía el universo así no es algo cierto, pero pareciera ser que era por razones de índole mística, como afirma Hawkig[1], ya que se pensaba que la tierra era el centro del universo y que además el movimiento circular, creo ya desde los pitagóricos, era el más perfecto, pues era un movimiento eterno, que no tenía principio ni fin. Se creía además, por razones válidas, que la tierra era esférica y no una plataforma plana, como algún presocrático creyó. Aristóteles lo sostenía por dos razones. En primer lugar, se dio cuenta d que los eclipses eran debidos a que la Tierra se situaba entre el Sol y la Luna. La sombra de la tierra sobre la luna era siempre redonda, lo cual sería imposible si la tierra fuese una plataforma plana, a menos que el eclipse ocurriera justo cuando debajo de esta plataforma se situara el Sol. En segundo lugar, se sabía entre los griegos que la estrella polar aparecía más baja en el cielo cuando se observaba en el sur que cuando era observada desde el norte, pues al encontrarse esta estrella en el polo norte, se veía desde este, casi encima de quien la mirara, en cambio si era observada desde el sur, parecía que estuviera cercana al horizonte.
Como se puede apreciar, esta concepción y estas razones podrían ser igual de vigentes hoy en día, era sólo cosa de observar atentamente e inteligentemente. Incluso Aristóteles, el gran científico de la antigüedad, llegó a calcular aproximadamente el perímetro de la tierra, claro que sobrepasó el cálculo actual casi en dos veces, pero lo intentó, y esto es lo que quiero y he estado tratando de recalcar, que desde antiguo se han buscado explicaciones e interpretaciones del mundo que nos rodea. Desde luego que en la posteridad vinieron nuevos descubrimientos, más científicos, puesto que habían más medios, como el de que las órbitas de los planetas eran elípticas y no circulares; que no había una parte que era identificada por Aristóteles como la esfera de las estrellas fijas; que la tierra ya no era el centro del universo, sino el sol el centro de nuestra galaxia y que esta giraba en torno a otro centro (si se puede hablar de centro en un universo infinito); que la posición en la que vemos las estrellas es solo aparente, debido a la naturaleza corpuscular-energética de la luz y a la gravedad; que las estrella pueden haber desaparecido y no nos enteramos al instante del suceso; que ahora, más ciertamente, se puede afirmar que la tierra es esférica; que existe una cierta fuerza que atrae a los cuerpos según su masa y que dicha fuerza el la causa de las órbitas elípticas y de que veamos la posición aparente de una estrella y de que nada colisione entre sí y no se aleje demasiado; y muchos descubrimientos mas, todos los cuales ayudan de cierta manera a conocer mejor el sitio en el que estamos situados y a los sujetos que viven en el.
Incluso los efectos de estas concepciones tienen una fuerte influencia en el pensamiento acerca de todo que tienen las personas, como el de que las órbitas son elípticas, lo que rompe con la perfección del movimiento circular, y cómo no mencionar la teoría de la relatividad de Einstein, que rompe en cierta forma con lo absoluto de la realidad divina, incluso Einstein aspiraba a una teoría del todo, ¡quería, con una fórmula, predecir todo lo que acontece en el universo!, o en otras palabras, podría incluso decirse que quería acercarse a la perfección de Dios, intentando predecir todo. Todo esto por causa de la curiosidad del ser humano y un intento que surge imperiosamente desde las entrañas de su ser, de buscar un sentido a su existencia, y en general a la existencia de todo.
Ahora me sumergiré en la realidad y trataré de encontrar su quid, su esencia. Es claro que nos tenemos que haber con las cosas, incluso con las demás personas, ya que somos animales políticos, sociales. Tenemos entonces dos cosas que tratar de esclareces; una, las cosas; otra, las demás personas y por tanto nosotros mismos y la humanidad completa.
Las cosas ciertamente tienen su realidad, si no la tuviera no serían cosas para nosotros, no podríamos hablar de ellas, pero qué son, ¿son acaso proyecciones de nuestro yo?, esto sería imposible sólo por el hecho de que si esto fuera así, nada existiría. El que leyera esto sería una proyección de mi yo y por lo tanto irreal, y yo, quien escribe, sería una proyección del yo de quien me lee, y así con todo, ¿cómo podríamos hablar de realidad si todos somos proyecciones del yo de los mismos todos? Es un imposible. Las cosas tienen una realidad propia, en sí, incluso las que son obras de la creación humana, al estar creadas, tienen su realidad, son realidades de suyo, en propio, pero esto no es lo importante, sino desentrañar ¿cuál es la naturaleza de estas realidades?, que por lo demás, son una trivialidad. No considero preciso, al igual que Zubiri, la concepción Aristotélica de substancia, de que las cosas son una cierta realidad en sí a la que le advienen ciertas propiedades, no. Las cosas reales ciertamente tienen características a las cuales llamaré, utilizando palabras de Zubiri, notas, y estas notas no son propiedades, sino realidades que dan realidad a las cosas, el conjunto de estas es lo que se conoce como cosa, por ejemplo, yo soy un conjunto de notas, que me hacen ser lo que soy, una jarra es un conjunto de notas que la hacen ser lo que es, una roca es un conjunto de notas que la hacen ser lo que es, y este ‘lo que es’ se entiende mejor con la noción de sistema. Las cosas son sistemas de notas, y sin una de ellas se deja de ser lo que se era. Estas notas nos constituyen, y no son notas de mí, o de la jarra o de una roca, tomando a ‘mi’, ‘jarra’ y ‘roca’ como la sustancia primera de Aristóteles, sino que son notas ‘de’ las demás. Esto es lo característico de la sustantividad, ser un sistema, tener una realidad sistémica, en donde cada nota se refiere no a un sujeto sub-stancial, sino a las demás notas en una articulación coherente entre sí, y su unidad está dada por este ser ‘nota de’ las demás. Considerar esto como verdadero es considerar también ciertas propiedades que vienen necesariamente tras esta concepción.
Estas propiedades son también, al igual que la realidad de las cosas, una trivialidad. Una de estas propiedades fundamentales es que al ser un sistema, una realidad sistémica, las cosas (y en esto se incluye la humanidad completa, pues ‘las cosas’ está tomada en la mayor universalidad posible) tienen dos dimensiones de ser, una en la que son en sí mismas, y otra, en que son abiertas al mundo, abiertas a las otras cosas. Esto es lo que Zubiri llana aperturidad. Esto es fácil de comprobar, una jarra, como ya vimos, tiene una realidad sistémica en sí misma, que la hace ser lo que es, pero esta misma jarra es ‘algo’ para nosotros, en la medida en que le tenemos un nombre y una función en nuestra vida, y también en la medida en que la podemos conocer; por otra parte, nosotros, o yo, tenemos una realidad independiente de las demás, en sí, pero esa realidad se abre a todas las demás cosas, si no, no podrían existir relaciones entre pares, yo no podría escribir esto, no se podría pensar acerca de lo que no es uno mismo, y simplemente, no podría ser yo si esto no fuera así, al igual que la jarra no podría ser jarra si no estuviera abierta al mundo. Y esta apertura se identifica en Zubiri con el ‘in’ y el ‘ex’, en lo que sigue, “la unidad del sistema es su de. Es lo primario de una cosa real, lo que constituye su ‘interioridad’ por así decirlo, su ‘in’. Pero entonces las distintas notas son la proyección ad extra (hacia fuera), su ‘ex’. Esta proyección es justo lo que llamo dimensión: es la proyección de todo el ‘in’ en el ‘ex’.” Lo que nos llevaría a decir que las cosas son más de lo que son en virtud de sus notas, están, las cosas, abiertas a todo lo demás. Esta es la aperturidad antes mencionada.
Todo esto nos acerca a lo que la cosa es. La cosa es un conjunto de notas que le dan realidad en sí y que le dan apertura al mundo, tenemos entonces que la cosa tiene una naturaleza doble, no una doble naturaleza, pues esto sería admitir una suerte de realidad escindida, y no intrínsecamente una, como entraña la expresión ‘naturaleza doble’. Somos in y ex.
Todo lo anterior me lleva a la conclusión de que nada es comprensible en sí, pues todo tiene una manera de ser en sí y otra respectiva a las demás cosas, abierta a las demás realidades. Lo que indicaría que la realidad está en su totalidad unida, no se puede comprender una cosa sin mirar a otra, no se puede saber nada del agua de un río si no se mira qué sucede realmente ahí, qué entidades existen en el río, qué entidades existen para el río y cuáles son las entidad para las cuales el río existe, pues como dice Heidegger, en su conferencia llamada ‘das Ding’, en el río se funden, se dan las nupcias entre las cosas del cielo y las de la tierra. Todo está relacionado, y hasta tal punto que me atrevería a decir que la sustantividad, o el sistema por excelencia o puro, es todo, pero no todo como concepto, sino como realidad física.
Ahora bien, por otra parte, el ser humano es una realidad como todas, en el sentido de un conjunto de notas, sustantividad, sistema. Pero es cierto también que es una realidad especial, distinta de las demás, puesto que puede tener conciencia de sí, del mundo y de sí como formando parte del mundo. Si bien el hombre, como ser viviente se halla entre las cosas, externas unas, internas otras, que le mantienen en una actividad no sólo constante sino primaria, tiene caracteres especiales, tiene una vida propia, y esto es lo que creo un dato fundamental a la hora de decir algo acerca de esta realidad tan compleja como la humana.
Lo que comparte el hombre con el animal, la sensibilidad, no me interesa ahora, lo que si lo hace, es la vida del hombre, ¿Qué es esto de la vida?, está claro que no es sólo la vida biológica-química, orgánica, sino su vida, por decirlo así, espiritual, anímica, interior, etcétera, no creo necesitar mas calificativos para designar esta vida patente a todos. Esta vida es un hallarse concientemente en el mundo con otras realidades, es tener que actuar con el mundo, es decisión, es estar e un espacio-tiempo que constituye la urdimbre en que se halla trabada toda realidad, etcétera. El vivir constituye, por decirlo así, la esencia del ser hombre, y esta vida es primordialmente una vida siempre con vistas al futuro, somos lo que vamos a ser, este dato es sumamente esencial para la comprensión de la vida humana, somos y nos movemos por causa de lo que queremos ser, por causa de algo que todavía no es, ¡por causa de la nada! (estrictamente hablando, dado que lo que todavía no es, no es), somos y nos movemos por causa de la esperanza y de la creencia, no podríamos hacer nada sin esperanza, o en otras palabras, sin tener en mente algo que queremos alcanzar y no podríamos ni siquiera intentarlo si no creyéramos que es posible, sin esperanza, creencia, proyectos, el hombre quedaría estático, contemplando todo sin sentido alguno, puesto que no querría nada (pues querer es querer algo que no se tiene y por lo tanto querer lo que todavía no es), quedaríamos impávidos, sin saber que hacer, sin esperanza, creencia y proyección.
Esta proyección es una nota fundamental del ser humano. El ser humano es un ser proyectivo, y esta naturaleza proyectiva, lleva implícita la idea de lo posterior, proyectarse hacia el futuro, si esto no fuera así, no tendríamos la noción de sentido de la vida y sentido de la existencia de las cosas. Esta proyección no es la apertura hacia fuera, la cual también es propia del ser humano como ya vimos, sino que es, por así decirlo, un mirar al futuro, un mirar al futuro como posible presente, siempre con la esperanza de que así sea. Por otro lado es característico también el que el hombre sea capaz de interpretar, y me atrevo a decir que es el único capaz de percibir significado en las cosas, el único en ver las cosas como símbolos, el único animal simbólico.
Otro dato fundamental que también estaría en el sentido de diferenciar al hombre de otras realidades es el hecho de la libertad, el hecho de ser capaz de apoderarse de una de las múltiples posibilidades que se le presentan en la vida en el mundo, y tras apoderársela, hacerla un constitutivo suyo, cosa que no pueden hacer las demás realidades, decidir. Esto llevaría a decir que el hombre se constituye como tal en la vida, decidiendo lo que va a ser, pues es en vistas a lo que quiere ser, como el hombre se hace lo que es, o para alejarme un poco de lo conceptual, diré que un hombre tal como Juan, por ejemplo, es lo que es, gracias a que se apoderó de posibilidades, siempre con vistas a un fin, el que es eso futuro que se quiere con esperanza y que se cree posible alcanzar.
Todo lo anterior es lo característico de la realidad humana, claro que no hay que dejar de lado, que como las demás realidades, el ser humano es un sistema relacionado con todos lo demás, ni se le puede considerar como mera realidad en sí misma y separada del mundo por tener características específicas radicalmente diferentes de las demás realidades, no hay que creerse por esto, una realidad superior, sólo somos una realidad más que tiene características esenciales especiales y distintas, como todas las demás realidades tienen las suyas propias.
2 comentarios:
Este trabajo esta destinado a crear una discusión acerca del tema, luego de esta trataré de subir mas trabajos, y cuando no lo haga enunciaré algunas preguntas. Todo esto para fomentar la necesaria reflexión acerca de las cosas.
Gracias por leer...
gracias por leer esteban, eso es lo que esperaba, que encontraras, o que quien lo leyera encontrara algo que decir para poder precisar el asunto.
con respecto a lo del sol y el centro de nuestra galaxia te digo que la intension era hacer ver que no hay centro, que al parecer el universo no tiene limites, por lo que la cuestión de cual es el centro de cual pasa a ser un detalle. dime qué pasa entonces en el agujero negro del centro de la via lactea, se supone qwue los agujeros negro absorven? expulsan? consideras que la via lactea no es el universo? sino parte de el, crees posibles los agujeros de gusano, e incluso que estos ¡conecten universos!? o que un universo esté vivo y se pueda tradgar a otro?
ahora, con respecto al asunto de la vida espiritual y biológica, no niego la innegable (valga la redundancia)complejidad de esta (biológica, no desmerezco la vida biológica sino que nuevamente la intensión es hacer notar que hay esta vida espiritual que es, a mi parecer, en cuierto grado, menos obvia que la biológica, pero obvia al fin y al cabo. y que esta vida espiritual no se refiere a simplemente actuar como animal político, como ser social, sino algo mas allá, todo nuestro hacer es espiritual, todo nuestro decir, pensar, hacer, correr, saltar, decidir, estudiar, gritar, etc... si bien todo esto no es podible sin el soporte biológico, tampoco este es algo sin la parte espiritual. yo considero lo biológico, como has de haber notado, como un soporte.
podrias decirme algo, una explicacion de como interactuamos biológicamente con el medio.
ese experimento lo revisaré algun dia cercano.
muchas gracias por el comentario, creo que el propósito se cumplió.
muchas gracias.
saludos.
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